en madrid a treintadenoviembrededosmilonce
Buscando los recuerdos, en eso ando.
Y cuando los encuentro, los guardo para no perderlos de nuevo.
A veces los encuentro en imágenes nítidas en las que me veo desde fuera y otras en sensaciones que no alcanzo a discernir si son o no reales, pero si son mis realidades. Tengo que ordenarlos para entender.
Y busco y rebusco el primer recuerdo. Pero cuanto mas lejos busco, menos cosas encuentro, y los que hay no se si son míos o los que me contaron.
Aparecen imágenes difusas de mesas camilla y braseros, de la anciana que vivía en la puerta de al lado, de verdugos que te obligaban a ponerte y que picaban como el demonio.
Y continuo buceando y encuentro sensaciones de invierno y de verano, recuerdos de una niña tranquila y obediente, tímida y siempre a la cola de otros. En invierno a la cola de las compañeras de colegio y en verano detrás de mis primos-hermanos.
Una niña en el exterior y otra en el interior. Exterior insulso y anodino, sin opinión, ni decisión y en el interior, mil ideas, millones de julios de energía, ebullición de sueños.
Niña olla exprés??
Recuerdo llenarme de tierra hasta la cintura, tierra que iba sacando de una jardinera enorme, de piedra, que mi madre tenia en el salón y que yo sacaba con mis manos chiquitinas. Que buscaba? tesoros? información? conocimientos? Quien sabe, y da igual en cierto modo, porque lo importante es que ya entonces cuando todavía mal andaba ya buscaba.
Recuerdo a mi vecino Roberto, me adoraba, un moreno con bigote que todavía hoy asoma a mis pensamientos.
Recuerdo de costura y alfileres perdidas que siempre acababan en el hospital a altas horas de la madrugada.
Recuerdos de buscar chocolate en plena noche en invierno y fresas en el huerto de mi abuela en verano.
Veranos felices y salvajes, inviernos anodinos y uniformados.
Clases de mecanografía, colegio y juegos de patio.
Mi abuelo nos daba un duro mientras le rodeábamos, esperándolo ansiosos.
Abuelas....Si no tienes nada bueno que decir.......aunque sería injusto por mi parte pensar que no tengo buenos recuerdos, solo es que en este momento no soy capaz de darme cuenta de ellos.
Mi tía-abuela, divertida y cariñosa, que me enseño a hacer ganchillo, punto, a bordar y que hoy en día sigue enseñándome cosas.
No puedo decir que mi infancia fuera infeliz, pero en cierto modo, esa niña miedosa, tímida, callada, siempre observando, aprendiendo, escuchando, no encajaba.
Recuerdos de campos llenos de corderos y de ovejas, de cuadras y vacas, de rio frio de montaña, de truchas y conejos, de manzanas y arboles donde subirse a buscarlas, de campos arados y robledales, el olor de la paja en un pajar, de la lluvia en la tierra.
Recuerdo una escuela abandonada, que era el mas increíble campo de juegos, plantas de flores amarillas con las que las viejas hacían escobas, de zarzas llenas de moras, de patines de pedales en el lago de aguas oscuras, de helados de hielo y palo y de un sinca 1200 color rojo con seis niños y dos grandes mujeres.
Mis madres, mis mujeres increíbles, mujeres abrigo, mujeres almohada, mujeres roca y látigo, mujeres caricia y yugo.
Y cuando los encuentro, los guardo para no perderlos de nuevo.
A veces los encuentro en imágenes nítidas en las que me veo desde fuera y otras en sensaciones que no alcanzo a discernir si son o no reales, pero si son mis realidades. Tengo que ordenarlos para entender.
Y busco y rebusco el primer recuerdo. Pero cuanto mas lejos busco, menos cosas encuentro, y los que hay no se si son míos o los que me contaron.
Aparecen imágenes difusas de mesas camilla y braseros, de la anciana que vivía en la puerta de al lado, de verdugos que te obligaban a ponerte y que picaban como el demonio.
Y continuo buceando y encuentro sensaciones de invierno y de verano, recuerdos de una niña tranquila y obediente, tímida y siempre a la cola de otros. En invierno a la cola de las compañeras de colegio y en verano detrás de mis primos-hermanos.
Una niña en el exterior y otra en el interior. Exterior insulso y anodino, sin opinión, ni decisión y en el interior, mil ideas, millones de julios de energía, ebullición de sueños.
Niña olla exprés??
Recuerdo llenarme de tierra hasta la cintura, tierra que iba sacando de una jardinera enorme, de piedra, que mi madre tenia en el salón y que yo sacaba con mis manos chiquitinas. Que buscaba? tesoros? información? conocimientos? Quien sabe, y da igual en cierto modo, porque lo importante es que ya entonces cuando todavía mal andaba ya buscaba.
Recuerdo a mi vecino Roberto, me adoraba, un moreno con bigote que todavía hoy asoma a mis pensamientos.
Recuerdo de costura y alfileres perdidas que siempre acababan en el hospital a altas horas de la madrugada.
Recuerdos de buscar chocolate en plena noche en invierno y fresas en el huerto de mi abuela en verano.
Veranos felices y salvajes, inviernos anodinos y uniformados.
Clases de mecanografía, colegio y juegos de patio.
Mi abuelo nos daba un duro mientras le rodeábamos, esperándolo ansiosos.
Abuelas....Si no tienes nada bueno que decir.......aunque sería injusto por mi parte pensar que no tengo buenos recuerdos, solo es que en este momento no soy capaz de darme cuenta de ellos.
Mi tía-abuela, divertida y cariñosa, que me enseño a hacer ganchillo, punto, a bordar y que hoy en día sigue enseñándome cosas.
No puedo decir que mi infancia fuera infeliz, pero en cierto modo, esa niña miedosa, tímida, callada, siempre observando, aprendiendo, escuchando, no encajaba.
Recuerdos de campos llenos de corderos y de ovejas, de cuadras y vacas, de rio frio de montaña, de truchas y conejos, de manzanas y arboles donde subirse a buscarlas, de campos arados y robledales, el olor de la paja en un pajar, de la lluvia en la tierra.
Recuerdo una escuela abandonada, que era el mas increíble campo de juegos, plantas de flores amarillas con las que las viejas hacían escobas, de zarzas llenas de moras, de patines de pedales en el lago de aguas oscuras, de helados de hielo y palo y de un sinca 1200 color rojo con seis niños y dos grandes mujeres.
Mis madres, mis mujeres increíbles, mujeres abrigo, mujeres almohada, mujeres roca y látigo, mujeres caricia y yugo.
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