CAMBIO DE RASANTE carta de navegación XXXV

Estoy sentada al sol en un cambio de rasante, y aunque podría ser una buena metáfora de mi estado presente, no lo es, es literal. 
No se muy bien que hora es. 
El cielo es claro, hay una ligera brisa y el sol calienta. Pequeño gran placer. 
El sonido constante del grupo electrógeno molesta un poco y también el paso de algún coche, pero eso es de pascuas a ramos. 
Me ha tocado vigilar los trastos de foto. Los niños ya están vestidos y rodando. Como siempre vamos con retraso. Esta siendo un rodaje tranquilo. Aun así tengo ganas de acabar mañana y hacerme una bola por lo menos hasta el martes. 
Así es como me siento ahora, un bicho bola. 
Me encantaban esos bichitos cuando era canija. Encontraba uno y me sentaba a mirarlo, me parecía algo perfecto, una maquinita maravillosa con sus cientos de patitas que cuando yo le tocaba con un palito se enrollaba sobre si mismo creando una coraza impenetrable de piececitas pequeñas. Me gustaba hacerlos rodar por la palma de la mano y las cosquillitas que me hacían cuando una vez pasado el peligro se desenrollaban y caminaban por mi mano. Hace mucho que no me hacen cosquillas.

Ya no hay sol. 
La noche es clara y estrellada. Miro la estrella polar, la osa mayor y el arquero. Otro rato vigilando el grupo electrógeno sentada en el cambio de rasante, mientras medito sobre los acontecimientos. 
Casi me quemo a lo bonzo, yo y el monte. Y todo por esterilizar unas pinzas y unas tijeras para quitarle a Giuseppe el punto que le han dado en la nariz. 
Me pregunto inquieta y con ansias de saber que ha hecho este muchacho para que le tengan que dar un punto en la nariz? Jua jua jua. 
La cosa es que estaba quemando el instrumental con acetona, se me había caído un poco al suelo y en la manga de la cazadora, y visto y no visto se prendió la manga. Y al intentar sacármela se ha prendido el suelo y ya no sabia si rodar como una croqueta por el suelo para apagarlo todo o quitarme primero la cazadora. 
Ana me miraba pasmada mientras le decía a su hermana por teléfono con toda la calma, que la llamaba luego porque se estaba incendiando el monte. Y encima la cazadora no era mía, que dilema. 
Y yo allí callada mientras todo el mundo a mi alrededor chillaba, pateaba el suelo, me quitaban la cazadora y yo cogía mi mantita azul para apagar el suelo. La manga de la cazadora se ha pegado a si misma y ya no había agujero. Como dice Andrea estas cosas solo me pasan a mi.

No hay comentarios: