Escribo para mi misma, sin
saber si hay público.
Porque si escribiera para un
público no me encontraría a mi misma.
No me planteo si ofendo a
alguien, porque aunque no sea mi intención, a veces, es inevitable. Pero como
ya he escrito alguna vez, quien se sienta ofendido o aludido que se ponga un condón
que le libre de todo mal.
Transgredo mi propia intimidad.
Y aunque creo que mucha gente que me conoce puede pensar que soy una persona
bastante dada a compartir lo que pienso y siento, en realidad no es tanto como
parece. La única diferencia es que mi umbral de intimidad es diferente a los de
otros.
No me parece intimo algo que
todos hacemos o pensamos, a eso lo llamaría privado, pero el pensamiento
interno, lo que nos decimos a nosotros mismos, eso que pensamos en la intimidad
del silencio, cosas inconfesables por miedo a que nos descubran vulnerables,
cosas que a veces nos avergüenzan por que nos hacen sensibles a los ojos del
mundo y algunas otras porque pueden considerarse en algún punto perversas, o
bien malvadas y , por supuesto, no queremos que nadie piense que somos malos.
Muchos callan por lo que es "políticamente incorrecto" [ que expresión
mas estúpida, sobre todo por lo de políticamente y lo de incorrecto.
Estupideces que dse inventan para no desenmascarar a todos los "istas" que
practican "ismos" de los que se avergüenzan e incluso de aquellos de los
que se sienten orgullosos pero que conllevarían la critica feroz de los otros ]
Pero este es mi espacio, mi
pensamiento lo expongo, mis secretos los saco de los cajones mas negros de mi
alma y no puedo pararme a pensar en lo que los otros pensaran de mi,
porque entonces seguiría cometiendo el mismo error, no ser sincera conmigo
misma. Solo debo pensar en mi y en lo que de mi descubro.
Hoy he salido a la
calle después de cuatro días en casa y ha sido por pura necesidad, leche para
el café y tabaco. Si tengo que dejar de comer, fumo. Supongo que las pastillas
consiguen controlar la ansiedad, pero no la desazón que siento. Una inquietud
que no me permite estar tranquila y que tampoco me deja dormir y para eso una
copa de vino y mas pastillas.
Sigo sin poder dormir
en mi cama.
Todos los días al
llegar la noche hago propósito de que al día siguiente me levantare y empezare
a ordenar este desastre de casa, porque quizás con eso pueda ordenar también mis
ideas. Pero se pasan los días y aquí estoy, del mismo lado, como diría mi
madre. Y es que para poner orden en el caos se necesita mucha energía y ahora mismo de eso no tengo.
Hace días que tengo
ganas de llorar, pero no lo he conseguido y cuanto mas tiempo pasa mas se
acumula la necesidad. Creo que voy a explotar.
Siempre he pensado que hay algo sagrado en las lágrimas. Son gotas de nuestra propia esencia, un destilado de nuestras emociones que a veces rebosa. No son señales de debilidad, sino de poder. El poder de sentirse vivo. Son mensajes, mensajes de pena abrumadora, de amor indescriptible, de alegría incontenible, de odio que no es odio.
Siempre he pensado que hay algo sagrado en las lágrimas. Son gotas de nuestra propia esencia, un destilado de nuestras emociones que a veces rebosa. No son señales de debilidad, sino de poder. El poder de sentirse vivo. Son mensajes, mensajes de pena abrumadora, de amor indescriptible, de alegría incontenible, de odio que no es odio.
Y tras un rato escribiendo, por fin
las lágrimas brotan y buscan los lugares mas fáciles para bajar por mi cara.
Evitan mis mejillas y se deslizan por la sien o por los pliegues de mi nariz
para acabar en mi boca. Son saladas, siempre saladas, no amargas.
Pero no son
suficientes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario