POLITICAMENTE INCORRECTA carta de navegación XXXIX

Escribo para mi misma, sin saber si hay público. 

Porque si escribiera para un público no me encontraría a mi misma. 

No me planteo si ofendo a alguien, porque aunque no sea mi intención, a veces, es inevitable. Pero como ya he escrito alguna vez, quien se sienta ofendido o aludido que se ponga un condón que le libre de todo mal.

Transgredo mi propia intimidad. Y aunque creo que mucha gente que me conoce puede pensar que soy una persona bastante dada a compartir lo que pienso y siento, en realidad no es tanto como parece. La única diferencia es que mi umbral de intimidad es diferente a los de otros. 

No me parece intimo algo que todos hacemos o pensamos, a eso lo llamaría privado, pero el pensamiento interno, lo que nos decimos a nosotros mismos, eso que pensamos en la intimidad del silencio, cosas inconfesables por miedo a que nos descubran vulnerables, cosas que a veces nos avergüenzan por que nos hacen sensibles a los ojos del mundo y algunas otras porque pueden considerarse en algún punto perversas, o bien malvadas y , por supuesto, no queremos que nadie piense que somos malos. 
Muchos callan por lo que es "políticamente incorrecto" [ que expresión mas estúpida, sobre todo por lo de políticamente y lo de incorrecto. Estupideces que dse inventan para no desenmascarar a todos los "istas" que practican "ismos" de los que se avergüenzan e incluso de aquellos de los que se sienten orgullosos pero que conllevarían la critica feroz de los otros ]

Pero este es mi espacio, mi pensamiento lo expongo, mis secretos los saco de los cajones mas negros de mi alma y no puedo pararme a pensar en lo que los otros pensaran de mi,  porque entonces seguiría cometiendo el mismo error, no ser sincera conmigo misma. Solo debo pensar en mi y en lo que de mi descubro.

Hoy he salido a la calle después de cuatro días en casa y ha sido por pura necesidad, leche para el café y tabaco. Si tengo que dejar de comer, fumo. Supongo que las pastillas consiguen controlar la ansiedad, pero no la desazón que siento. Una inquietud que no me permite estar tranquila y que tampoco me deja dormir y para eso una copa de vino y mas pastillas.

Sigo sin poder dormir en mi cama.

Todos los días al llegar la noche hago propósito de que al día siguiente me levantare y empezare a ordenar este desastre de casa, porque quizás con eso pueda ordenar también mis ideas. Pero se pasan los días y aquí estoy, del mismo lado, como diría mi madre. Y es que para poner orden en el caos se necesita mucha energía y ahora mismo de eso no tengo.

Hace días que tengo ganas de llorar, pero no lo he conseguido y cuanto mas tiempo pasa mas se acumula la necesidad. Creo que voy a explotar.
Siempre he pensado que hay algo sagrado en las lágrimas. Son gotas de nuestra propia esencia, un destilado de nuestras emociones que a veces rebosa. No son señales de debilidad, sino de poder. El poder de sentirse vivo. Son mensajes, mensajes de pena abrumadora, de amor indescriptible, de alegría incontenible, de odio que no es odio.

Y tras un rato escribiendo, por fin las lágrimas brotan y buscan los lugares mas fáciles para bajar por mi cara. Evitan mis mejillas y se deslizan por la sien o por los pliegues de mi nariz para acabar en mi boca. Son saladas, siempre saladas, no amargas. 
Pero no son suficientes.

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