martes veintedediciembrededosmilonce en Madrid
Londres me despidio lloviendo y Tenerife también. En cambio aquí todo sigue igual, nada a cambiado.
Bueno, he traído algo conmigo, un trancazo de muerte que me tiene la mente nublada por la cantidad de mocos que envuelven mi cerebro.
La fiera no se donde anda.
Bueno, he traído algo conmigo, un trancazo de muerte que me tiene la mente nublada por la cantidad de mocos que envuelven mi cerebro.
La fiera no se donde anda.
Y al entrar por la puerta
de mi casa no puedo dejar de pensar en la sensación que tenia en
aquella playa de arena negra, mirando un océano que parecía querer
comerse las rocas.
No era un mal sitio para quedarse. Me sentía tan bien. El sonido del mar, su movimiento. Ni frio, ni calor. La calma. La idea de coger un avión y no volver paso por mi mente.
Pero aquí estoy, intentando ordenar el caos predominante. Pero ya se sabe para mantener el orden y la entropía, se necesita mucha energía.
Cuando se me pasen los mocos buscare la energía que guarde estos días, de momento la poca que tengo la invierto en luchar con los bichos malignos que me invaden.
Salud
No era un mal sitio para quedarse. Me sentía tan bien. El sonido del mar, su movimiento. Ni frio, ni calor. La calma. La idea de coger un avión y no volver paso por mi mente.
Pero aquí estoy, intentando ordenar el caos predominante. Pero ya se sabe para mantener el orden y la entropía, se necesita mucha energía.
Cuando se me pasen los mocos buscare la energía que guarde estos días, de momento la poca que tengo la invierto en luchar con los bichos malignos que me invaden.
Salud

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